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Colegio Público 'Santa Eulalia de Mérida'

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Blog: Recuerdos

 
 

sábado, 28 de abril de 2001

 

Justo Hernández

 
(En los veinticinco años del Colegio Público Santa Eulalia de Mérida)

Pocos escudos tan emblemáticos y sugerentes como el de Pravia. Los cuerpos negros de sus seis cuervos centrales se dirigen a nosotros pronunciando sílabas de humo con su silencio y su actitud alerta y agresiva. Parecen defender la ciudad cortesana de Pravia que se recuesta indolentemente en una suave falda de montaña asomándose al Nalón.

Aficionado desde niño a la Numismática, conocía desde mucho antes este escudo, cuando en Septiembre de 1975 llegué a la vieja ciudad de Flavium Avia para hacerme cargo de la inspección de los centros escolares del Concejo. En este Septiembre nacía para la educación y cultura praviana el Colegio público comarcal de SANTA EULALIA DE MÉRIDA, constituyendo con su inauguración una verdadera revolución cultural que originó en el paisaje y paisanaje pravianos un seísmo educativo sin precedentes. La llamada Ley Moyano del ecléctico D. Claudio Moyano, en 1857, tuvo vigencia precisamente debida a su ambigüedad hasta 1970, año en que se aprobó la ley General de Educación del ministro Villar Palasí, que originó las bases de la partida de nacimiento del colegio praviano SANTA EULALIA DE MÉRIDA.  Esta efemérides que ahora conmemoramos suscitó una revolución entre los paisanos pravianos: aquel maestro reverenciado por el saludo ancestral "señor maestro,'' aquel hombre o señora que se había interiorizado en el alma rural de las aldeas pasaba a ser el profesor de EGB y se difuminaba en el equipo de profesores de un Colegio comarcal, restando parte de responsabilidad única a su magisterio, supervalorado en el contorno rural. Este centro comarcal, dignamente construido y bien dotado de gimnasios, bibliotecas, aulas y patios de recreación, se enfrentaba a la mentalidad fijada desde 1857 de escuela única y responsable una enseñanza un tanto colegiada y corresponsable. Era la verdadera escuela comprehensiva.

¡Adiós a las escuelas de Villafría, Quinzanas,Villavaler, San Damías, Inclán, Luerces, Los Cabos, Selgas, Corias Cordovero, Folqueras, Beifar. ¡Ya no verían los paisanos a su maestro pasear a la tarde bajo las enramadas de los hermosos recuestos aldeanos. Se había acabado una era y nacía otra pero con muchas dificultades. Problemas que compartimos todos: ayuntamientos, paisanos, administración educativa, maestros, alumnos... todos. Los alumnos, despertados muy de mañana para el autobús; los maestros porque tenían que repartir su responsabilidad educativa y su prestigio, los padres porque veían desaparecer el último vestigio de la función servicial del Estado en las aldeas, y la inspección hubo de enfrentarse con métodos de seducción y paciencia dialogada con el prestigio admirable de algunos maestros que enraizados en la aldea se consideraban indispensables en su paisaje y en su vocación. Aún resuenan en mis oídos las palabras de algunos maestra/os cuya veneración en las aldeas era manifiesta que me decían: "Soy el maestro de ....... y moriré siendo el maestra/o de ....... " que al que suscribe le conmovían en su interior... y así recuerdo que yo mismo bajé en mi coche al Colegio de Santa Eulalia a varios de estos admirados maestros convertidos en profesores y desnudados de su responsabilidad de maestros rurales. Recuerdo perfectamente su nombre y su fisonomía.¡Dios les guarde!.

Pero ¿a quién le gusta ver desaparecer las escuelas donde están sepultados tantos recuerdos familiares, los pupitres donde con sus navajas nuestros abuelos inquietos inscribían sus nombres...

Así nació el Colegio Comarcal de Santa Eulalia de Mérida, y fue un parto con dolor.

La hermosa villa cortesana, señora de los tres ríos, se vio más señora con un edificio escolar que acogía a toda la comarca ... Sólo quedaban las bellas construcciones escolares, testimonios de la generosidad de los emigrantes pravianos de Somao, Agones, Santianes, Peñaullán, con alumnos menores de diez años. Los restantes se escolarizarían en el Santa Eulalia de Mérida.

Era entonces el alcalde de Pravia D. Manuel López de la Torre, historiador, y que desarrolló enormes esfuerzos para que el Colegio fuera lo más digno posible, completado con un excelente pabellón de deportes. El nombre de Santa  Eulalia de Mérida, patrona de la diócesis de Asturias, cuyos restos están en la catedral de Oviedo, se debe sin duda a su gestión. El Director Provincial de Educación por aquel entonces era D. Ángel González y la directora que hizo posible que la integración fuera lo más dulce posible Dª Paz Cienfuegos, excelente maestra con quien Pravia y su concejo siempre estará en deuda.

Debo dedicar unas palabras a los profesores que hicieron posible que Pravia contara con un excelente medio educativo, y que fueron los lubrificantes para que los pueblos fueran suavizando la adecuación a otros tiempos, que marcarían la nueva era educativa y que constituyeron un plantel originario de alumnos que ahora están desperdigados por Asturias, muchos de ellos educadores.. teniendo en cuenta que el actual alcalde fue profesor y director del Santa Eulalia...

Aquellos cuervos que me habían acompañado por la singularidad de  su escudo, son símbolo de la Sabiduría, apareciendo en la antigüedad y en la Biblia como prototipo de la discreción y aún de la palabra.. maestros en muchas artes.. son el paradigma de Pravia, la villa cortesana, que alberga  un entorno de centros educativos envidiables como el San Luis de Pravia, el Santo Ángel, Nuestra Señora del Carmen de los Cabos, y uno de los más prestigiosos es el Santa Eulalia de Mérida, cuya efemérides de los veinticinco años celebramos en el mes de Septiembre pasado..¡Que siga la senda por donde han ido aquellos profesores beneméritos que lo hicieron posible, que le desnudaron de su papel entrañable de maestros rurales que le eran tan queridos en beneficio de todos los pravianos.

¡Que Dios les guarde!

Justo Hernández
Inspector de Educación jubilado
Primer Inspector de nuestro Colegio

 
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sábado, 28 de abril de 2001

 

Jesús Fernández Díaz

 

Tras treinta y ocho años dedicado a la enseñanza, quizás me esté enfrentando a una de las tareas más difíciles: intentar plasmar en unas líneas lo que estos años han significado en mi vida, tanto personal como profesional.

En todo este tiempo, he dado clases en distintos destinos y a distintas generaciones dentro de una misma familia y esto es lo que hace que te des cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, al mirar a unos padres que te preguntan por sus hijos y tu los ves a ellos aún siendo alumnos.

Pero además de ejercer mi profesión en las aulas, también he pasado unos años dentro del tan "temido" despacho del director. No es tarea fácil estar entre la Inspección, que es la que manda y tus propios compañeros, teniendo a veces que implantar normas que dentro del aula no son las más adecuadas. Eran tiempos en que había mas de setecientos alumnos en el Colegio, las aulas estaban llenas de chavales teniendo que llegar a acomodarlos en laboratorios, biblioteca, salas de tutorías.

El Colegio se quedaba pequeño. Sin embargo, el reto personal de intentar hacer las cosas lo mejor posible para todos, me supuso un gran esfuerzo a la vez que una gran recompensa por dedicarme a mis alumnos, que a fin de cuentas, fue lo más importante dentro mí profesión. Así mismo debo agradecer la ayuda prestada por mis compañeros en aquella época al facilitarme las tareas requeridas por el cargo.

Desde estas líneas, también quiero manifestar mi cariñoso recuerdo a todos los compañeros que han compartido conmigo este largo camino; algunos de ellos ya no están físicamente entre nosotros pero han dejado su huella gracias a que de su experiencia siempre he podido sacar provecho. Y cuando me refiero a compañeros, no sólo hablo de los colegas de profesión, sino de todo el personal que ha trabajado en el Colegio, tanto en la cocina, limpieza, conserjería ..., ya que juntos, codo con codo y día a día, hemos luchado por que el Colegio Santa Eulalia de Mérida dejase un grato recuerdo y una buena formación en los miles de alumnos que por él han pasado y pasarán.
 

Jesús Fernández Díaz
Ex-Director de nuestro Colegio desde el 82/83 al 85/86

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sábado, 28 de abril de 2001

 

Juan Manuel González Arias

 

En el año 1975, desde el Centro Escolar de Agones y por concentración, accedí a la plantilla del profesorado del C.P. Santa Eulalia de Mérida. Fue mi segundo y último destino dentro de la E.G.B., asturiana. Así pasaron 16 años hasta que en el 1.991 pasé a ser Alcalde del Municipio de Pravia. Después de esta legislatura municipal, en el año 1.995, pasé a ser profesor de Matemáticas en el I.E.S. de Pravia, volviendo a ser Alcalde en el 1.999.

Parece que soy hombre de dos profesiones: enseñante de Matemáticas y político. De elegir una de ellas, me quedo siempre con la primera. Es una profesión de aprendizaje diario, pues no en vano, me he comunicado con mis alumnos/as durante 23 años. Enseñé a mis alumnos/as y ellos/as me enseñaron. También los compañeros. Gracias a todos.

Ocupé en el Colegio cargos directivos: Jefe de Estudios, Director, etc., pero donde más a gusto me sentí fue en el aula con los alumnos/as del Ciclo Superior. Dicen que nuestra profesión es dura, sin embargo, mi trabajo de enseñante me aportó satisfacciones. Acaso, porque hacia lo que me gustaba. Aún me satisface el saludo de mis ex alumnos/as y lo comentarios de familiares en cuanto a las formas de enseñanza.

Ha sido en este Centro donde uno se forjó la forma de enseñar y tratar a los alumnos/as en las clases de Matemáticas y Física.

Fueron unos años de convivencia entre todos los sectores de la Comunidad Escolar de los que guardo un grato recuerdo. Hubo satisfacciones y algún sinsabor, pero el balance final no puede ser más satisfactorio.

Nuestro Colegio sigue teniendo un reto histórico: compartir su oferta educativa con otros tres centros, concertados, sufriendo la competitividad que ello supone.

Tiene la mejor infraestructura posible, máxime después de haber perdido la masificación de años atrás.

Ante sus veinticinco años de existencia, quiero desear a toda la comunidad escolar de nuestro Centro los mayores aciertos en la gestión diaria para que la enseñanza que ofrezca sea la mejor posible. Soy un defensor de la gestión pública y, por ello, apuesto por una enseñanza de calidad en nuestro Colegio. Estoy seguro de que todos nos vamos a esforzar en ello.

 

Juan Manuel González Arias
Director del Colegio entre los cursos 86/87 y 90/91
Alcalde de Pravia

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sábado, 28 de abril de 2001

 

Carlos Guerrero Arias

 

Me resulta difícil poder expresar con pocas palabras toda la satisfacción y el honor que me produce el poder colaborar con este escrito en la celebración del 25 aniversario de nuestro Colegio.

Un Centro que llevaba poco tiempo inaugurado cuando con nueve años entré a formar parte del mismo ya que acababa de llegar de Madrid, a donde mis padres habían emigrado en busca de trabajo como otros muchos asturianos, pero en el caso de mi familia con la gran suerte de poder retornar transcurridos unos años, por ello, mi situación personal era especial porque llegaba a un nuevo hogar tras dejar un parte de las vivencias de mi infancia en otro lugar, pero lejos de sentir la soledad del desarraigo me encontré de inmediato arropado no sólo por los profesores sino también por mis nuevos compañeros y amigos; logrando entre todos, con la forma de ser abierta y noble que caracteriza al asturiano, que en pocas semanas me encontrase plenamente integrado, feliz y orgulloso de vivir en Pravia.

Desde aquel momento sólo tengo en la memoria recuerdos agradables y entrañables de mi estancia en el Colegio y sobre todo de su ambiente familiar, además de la completa seguridad, como el tiempo ha demostrado, de que la enseñanza que recibí fue inmejorable, no sólo en el plano educativo sino fundamentalmente en el personal, resultando decisiva para encauzar positivamente mi vida y mi devenir profesional.

Hoy compagino mi trabajo como abogado en Pravia con la actividad política como diputado en la Junta General del Principado de Asturias, sin olvidar mi paso como Alcalde de Pravia, en todos los casos realizando siempre dichos cometidos con la satisfacción de haber cumplido y seguir cumpliendo una labor de servicio a los de más, y siempre teniendo presentes los valores personales que tan bien supieron inculcarme en mi querido Colegio Santa Eulalia de Mérida.

Hoy sólo puedo hablar con orgullo de mi paso por el Centro, con la misma intensidad que como lo hago de mi condición de praviano, por todo ello, que sirvan estas letras de modesto homenaje a toda la familia del Colegio Público "Santa Eulalia de Mérida" de un antiguo alumno siempre agradecido.

Carlos Guerrero Arias
Antiguo alumno

 

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sábado, 28 de abril de 2001

 

Jorge Arango Fernández

 

Ya han pasado 25 años desde la inauguración del colegio público Santa Eulalia de Mérida, ¡qué pronto se dice! ¿Verdad?. Años que no van a ser indiferentes para los distintos grupos de alumnos que han pasado por sus aulas, entre los que yo me encuentro.

Mi relación con el centro comienza en 1978 y por circunstancias de la vida, tras unos años me vuelvo a encontrar otra vez en él.

Cuando cursaba mis estudios de la antigua EGB. estaba deseando que estos concluyesen para marchar de una vez de aquí, pero cuando te vas sientes que algo de ti queda en él , aunque parezca mentira le coges cariño. Son muchos años de ir y venir a la escuela.

De esta época de estudiante guardo muchos y variados recuerdos,compañeros y amigos, algunos de los cuales tienen en este centro a sus hijos cursando la hoy llamada Educación Infantil y la Primaria.

El reencuentro con el centro tiene lugar el día que decidí realizar en él la Prestación Social Sustitutoria, es decir, la Objeción. La primera impresión que me dio a la hora de cruzar el umbral de la puerta fue de entrar en un lugar conocido y muy familiar, pero a la vez muy cambiado. Me encontré con aulas vacías, un comedor más acogedor pero con el mismo ajetreo de años atrás, una biblioteca con buenos y variados fondos bibliográficos y como no, a los profesores de toda la vida, eso sí un poco más curtidos. 

En esta situación se me vinieron a la mente recuerdos de años atrás, los juegos a la hora del recreo, la hora de la comida, el viaje en el transporte escolar, las excursiones y los viajes de estudios... en definitiva aquellos hermosos años de la niñez y adolescencia.

Al celebrar ahora estos 25 años pienso, y creo que no me equivoco, que muchos de los ex alumnos del centro sentirán como se les encoge aunque solo sea un poco el corazón a la hora de recordar los momentos vividos en este centro.

Como ex alumno quiero desde aquí mandar un fuerte abrazo a todos aquellos compañeros de estudios sea o no de mi promoción y como no, a aquellos profesores algunos de los cuales ya no están entre nosotros, que intentaban sacar todo lo posible de nuestras pequeñas y tozudas cabecitas.

 

Jorge Arango Fernández
Antiguo alumno

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